Comenzamos nuevo hilo de reseñas, correspondiente al mes de Febrero. Desde el PAMMHG os animamos a compartir vuestras impresiones en forma de reseña sobre cualquier serie que hayáis visto recientemente.
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Reseñas Televisión – Febrero de 2011
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GantZTemporada II Capítulos del 14 al 26 Gonzo estudios inspirada en la obra de Hiroya Oku Tras el regularcejo final de la "primera temporada" (o fase como las denominaban originalmente) Gantz vuelve a la carga con lo mejor que hasta el momento habían caracterizado esta serie llena de fluidos y ultraviolencia: Las escenas intimistas e introspectivas. Y aunque en principio uno podría reprocharles una construcción en la que con demasiada frecuencia se recurre a las casualidades del azar, lo cierto es que considerando la premisa argumental de la serie tampoco queda demasiado mal y los episodios Sayonara y ¡Quiero ir rápido! logran que te impliques de verdad en el drama de unos personajes atrapados en una situación insolita y salvaje que afecta irremediablemente a sus vidas (para mal). Desgraciadamente la acción regresa a la pantalla demostrando nuevamente que a Ichiro Itanoh esto de la acción no se les da nada bien. Peor aun, no solo no saben darle la velocidad adecuada al estilo de Oku en la pantalla, sino que los aportes que introducen no encajan nada bien en la trama interrumpiéndola de forma anticlimática cada dos por tres. Todo mientras asistimos a un más de lo mismo que prometía convertirse en la tónica (mal dirigida) de la serie... cuando estalla la bomba. No quiero destripar nada al respecto salvo que ya solo por esa parte, merece y mucho la serie. Y es que a pesar de sus defectos, la contundente sensación vivida en dicha parte de su trama no creo que la haya disfrutado jamás con ninguna película, libro, comic o similar en la práctica totalidad de mi vida. Dando pie a algunos de los momentos más crudos de la serie -algunos con una morbosa poesía que recuerda vagamente a los mejores Hitchcock o Leone-, la apuesta continúa igual de alta cuando ante la obligación de darle carpetazo (algunos dicen que tras sufrir numerosas críticas por sus altos contenidos de sexo y violencia, pero tengo mis dudas de si no fue planteada desde un principio para acabar así) el equipo creativo compone una brutal trama que, alejándose de los desbarres cada vez más pasados de rosca del manga nos devuelve a las mejores sensaciones de los primeros episodios. Sin embargo, no son capaces de estar a la altura de las circunstancias y aunque esta vuelta de tuerca ofrece un cierre prácticamente redondo a la serie no son capaces de continuar con ese tétrico reflejo de la condición humana en la que los instintos más primarios se mantienen al acecho incluso en las sociedades más civilizadas diluyéndose entre unos discursos bastante chorras de dos personajes en concreto. Con un final muy a la "japonesa", tal vez precipitado pero que no queda del todo mal deja como resultado una serie que pese a sus muchas irregularidades formales es toda una experiencia que nos deja detrás de todo, una gran historia. Muchos fans del manga reniegan de este giro, pero la verdad es resulta bastante coherente considerando la trayectoria de la serie.Por última vez en la pequeña pantalla, Gantz nos devuelve a la jungla de asfalto sin más valor o principio que la caza misma. Y todo sin discriminación alguna. Rico, pobre, ministro, parado... desde tu colega de toda la vida a tu abuela, pasando por tu jefe de departamento o aquella muchacha con coletas que te gustaba en el instituto cualquiera puede verse atrapado en este festival de violencia lúbrica. Matad o y morir, que él estará satisfecho mientras nosotros disfrutamos del chute de adrenalina y la punzada en el pecho del aluvión de sentimientos enfrentados. Lo mejor: El inesperado y brutal cenit. Lo peor: El viejo y el niñato bakala, insoportables hasta la saciedad. 7.2/10 |
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Fringe - 2ª TemporadaEn mi reseña de la primera temporada creo que pequé un poco de entusiasta. Es decir, la serie no es que sea en absoluto mala, es más, tiene grandes personajes, grandes argumentos, un gran gusto por el detalle y una trama central escondida que se va resolviendo de una forma cada vez más interesante. No solo eso, sino que deja con ganas de más y la promesa de que irá todavía a mejor, gracias a la preparación de todos los elementos que va cociendo a fuego lento. Por ello, me enfrenté a esta segunda temporada con una enorme ilusión y grandes expectativas, lo contrario a cómo empecé a ver la anterior. Esto tiene un problema, y es que intentar desarrollar una serie según una trama central que se va desvelando poco a poco tiene el inconveniente de que debe ser capaz de colmar el ansia del espectador sin andarse con rodeos y creando los clímax adecuados. Fringe es cada vez más pretenciosa y más compleja, lo que lleva a hacer que el espectador sea cada vez más exigente. No se pueden dar pasos hacia atrás sin que la credibilidad y pasión del mismo por la serie se resienta unos mínimos. Eso es más o menos y a grandes rasgos lo que ha ocurrido. Si analizamos fríamente ambas temporadas sería justo decir que esta supera en muchos aspectos a la primera. Sin embargo, la escalada tan prometedora que buscaba no se ha producido, de hecho me atrevería a afirmar que han intentado alargar en exceso la fórmula. No hay más que ver los primeros capítulos, con el final de la temporada anterior vimos a Olivia Dunham en un lugar inesperado con un personaje que parecía que iba a ser crucial para lo que iba a ocurrir a continuación. Ese momento se estira como un chicle. Para que podamos ver qué fue lo que se dijo y lo que ocurrió en aquel lugar, primero deben pasar unos cuantos episodios donde la agente del FBI debe enfrentarse a una inoportuna (u oportuna para los guionistas) amnesia que impide que puedan ponerse al día. El misterio se alarga, muere alguien importante y entonces llega la decepción: La serie, pese a todos los descubrimientos, sigue tal cual, con el mismo esquema en casi todos los capítulos, nuevos casos y pocas novedades. Hasta que llega el impactante y magnífico clímax, con varios momentos que llegan tarde pero no decepcionan. Pese a que pueda parecer que ha ido a peor, no es el caso. Al menos, aunque se respete el mismo esquema episódico demasiado tiempo en mitad de la temporada, al menos sigue teniendo todas las virtudes que ya presentó anteriormente: Los personajes siguen cambiando y desarrollan sus motivaciones, son tan carismáticos como lo fueron en el primer episodio, sino más y el universo de la serie se va expandiendo, mostrando mil detalles que resultan fascinantes y atractivos. Además, los últimos capítulos muestran casi todas las revelaciones que faltaban ya por destapar, dando cohesión a toda la trama con una facilidad inusitada. Pero eso no es todo, la ruptura del esquema se agradece, ya que todo se vuelve más vertiginoso e interesante, mucho menos encorsetado y aburrido, como estaba siendo. Por ello, creo que estamos ante una temporada un tanto irregular, con momentos realmente brillantes tanto al principio como al final, pero luego con una mitad que si bien convence, resiente un poco el cómputo global, ya que la impaciencia se hace con un espectador que creía que con unas cuantas revelaciones importantes la cosa iba a cambiar. Por suerte, Walter Bishop sigue genial, la historia de Peter es revelada y está perfecta tal y como se cuenta y la serie tiene unos toques realmente geniales, como los cambios de intro o cierto episodio basado en un cuento. La serie sigue siendo muy buena, pero podría serlo más sin tantos intentos de estirar la trama y sin el susodicho esquema que le impide ser mucho mejor de lo que es. Pese a todos los defectos, aún hay virtudes que hacen de ella una de las mejores apuestas televisivas de estos últimos años. Valoración: 7/10 ![]() |
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SPARTACUS: BLOOD AND SANDCreador: Steven S. DeKnight Reparto: Andy Whitfield, John Hannah, Manu Bennett, Lucy Lawless, Peter Mensah, Viva Bianca, Jai Courtney, Erin Cummings "Forjad vuestro propio camino, o uniros a nosotros y juntos, ¡veremos temblar Roma!" Cuando hace casi dos años se anunció este proyecto y vi su primer trailer, me pareció realmente atroz. A mí no me gustó 300, la considero una mala película en todos los aspectos, y ver que una serie de televisión bebe directamente de esa estética tan artificial y llena de excesos no me hacía ser optimista respecto al resultado final. El recuerdo de esta serie cayó en lo más profundo de mi memoria y no fue hasta hace unas semanas cuando empecé a ver aparecer gente que hablaba bien de ella y recomendaba verla. Aún así no estaba convencido. Fue cuando vi el trailer y making off de Camelot, serie de próximo estreno del canal Starz, cuando mi curiosidad se encendió y me animé a darle una oportunidad a esta versión del mito de Espartaco para poder valorar adecuadamente la forma de trabajar de esta cadena y ver lo que eran capaces de ofrecer. En menos de dos semanas he visto la primera, y de momento única, temporada y puedo decir que estoy realmente satisfecho de haberlo hecho. Spartacus: Blood and Sand es una versión muy libre del mito del gladiador. Aliado con el ejército romano para combatir a un enemigo común, Espartaco y el resto de guerreros tracios son traicionados al ver como el Legado que está al mando del ejército pretende llevar la batalla a una zona donde estar más cerca de la gloria y que le permita subir varios peldaños en el escalafón político del Imperio. Ante esto, Espartaco, y varios compatriotas más, se revelan, y va en busca de su mujer a sabiendas de que su aldea va a ser atacada. No puede hacer nada para evitarlo y decide huír junto con ella. Pero el orgullo herido de los romanos hace que sean capturados y separados, siendo él condenado a morir en la arena, como entretenimiento para el público. Éste será el comienzo de su leyenda. En los aspectos más generales de su historia la serie se mantiene fiel al mito, pero es a partir de ellos cuando se olvida de los acontecimientos históricos y no duda en modificarlos a su antojo jugando con todos los elementos a su disposición para construir su propia historia. Una historia de pasiones, deseos y lujuria, de traiciones y corrupción, de venganza y supervivencia donde las personajes recurren a lo peor de sí mismos por conseguir sus objetivos. Los instintos más primarios y arraigados a la naturaleza humana son mostrados a diferentes niveles, desde los sentimientos del más insignificante de los esclavos hasta los del ciudadano con mayores aspiraciones y ambición de poder. Y creo que es aquí donde reside la grandeza de la serie. Ya que a pesar de tratarse de una historia de gladiadores repleta de grandes y ultraviolentas batallas, es precisamente cuando éstas quedan en un segundo plano, o incluso olvidadas por momentos, cuando la serie alcanza su verdadero nivel y capítulo a capítulo va in crescendo hasta alcanzar todo su potencial con el clímax del episodio final. Es por ello que considero que esta serie ha sido muy maltratada por crítica e incluso público, a tenor de lo que he leído en multitud de webs que hablaban sobre ella. Me parece tremendamente injusto el trato que se le da debido a su estética, a no querer o no saber ver más allá de ella para contemplar y disfrutar de todo lo que ofrece. Y es que cuando suaviza esa estética inicial tan radical y se centra en los personajes, es acusada de intentar imitar a Roma y de fracasar estrepitosamente en el intento. Algo cuanto menos curioso cuando desde el primer momento se desmarca como una producción diferente y con un enfoque definido que va puliendo sobre la marcha, sin pretensiones de intentar plagiar a nadie argumentalmente, a pesar de tener algunas reminiscencias claras de 300 y Gladiator. Otro de los aspectos que menos me gustaban de la serie era su reparto. Pero ya con cierta distancia desde su visionado, le veo más virtudes de las que fui de apreciar en su momento. La serie, como es lógico, está plagada de personajes musculosos e inexpresivos, pero, entre ellos, hay varios que aún así lo hacen más que bien, ofreciendo buenas interpretaciones. Al frente de todos ellos está Andy Whitfield, el protagonista, que logra que se empatice con el personaje de Espartaco y que suframos con todo lo que le ocurre. Al principio, sin hacerlo mal, le cuesta más brillar, pero a medida que el guión y la serie se van entonando, sus prestaciones también suben y hace un trabajo más que digno. Pero por encima de él, diría que en calidad de interpretación y carisma destaca Manu Bennett, quien encarna al Crixo, el orgulloso galo invicto. Un personaje sorprendente, que es presentado como el típico polo opuesto del personaje, alguien que le hará la vida imposible, pero que al final resulta ser mucho más que eso y se torna francamente interesante. Pero si por carisma se trata, la serie no se queda sólo aquí, sino que personajes como el estricto e inflexible Doctore, los gemelos germanos Agron y Duro y el impredecible Ashur tampoco se quedan cortos. Por destacar a alguien de forma negativa, sería al encargado de interpretar a Varro. Un actor bastante limitado que salva los muebles al tener en sus manos un personaje bonachón y, en cierto modo, bobalicón, pero que no puede ofrecer mucho más. Pero no todos los halagos van a ser para la parte masculina del reparto. Las féminas también tienen su parte de protagonismo en la serie, una muy grande. Entre todas ellas destacan Lucy Lawless, quien encarna a la fría Lucretia, esposa del dueño del ludus donde se desarrolla la historia, y Viva Bianca como Ilithya, uno de los personajes que más juego ofrecen. Además, personajes como Naevia, Mira o Sura, también tienen su aquel y además dotan de belleza e inocencia a la serie. Todas ellas, además, regalan la vista a los espectadores masculinos con varios desnudos integrales. Pero si hubiese que destacar a un actor por encima del resto, creo que todos coincidiríamos en que ese sería John Hannah. Su papel como Batiatus, el dueño del ludus y amo de Espartaco y el resto de gladiadores, me ha parecido impresionante, de lo mejorcito que recuerdo haber visto en televisión. Un personaje interesante, más complejo de lo que podía parecer y tremendamente sorprendente. Los guionistas pusieron especial cuidado en escribir sus líneas, pero qué duda cabe que cuando un actor disfruta verdaderamente con su personaje y se divierte interpretándolo, es algo que se nota y los espectadores lo agradecemos. Antes de ver la serie, para mí sólo era el hermano tonto de la prota de La Momia. Tras verla, me parece un actor muy a tener en cuenta, todo un descubrimiento. Espero que en el futuro tenga más papeles que le permitan lucir su enorme talento, porque deja ganas de verle más, mucho más. Como ya habrá quedado claro, no puedo hacer otra cosa que no sea recomendar esta serie. Recomendaros a que os olvidéis de cualquier prejuicio que podáis tener ante ella e id con ánimo y ganas de entreteneros y pasároslo bien, que como poco lo conseguirá. Para mí una de las destacadas del año pasado. Deseando estoy de ver la segunda temporada para la que todavía queda casi un año y, no tanto, Spartacus: Gods of the Arena, la precuela que se está emitiendo en la actualidad. Aunque sabiendo que podré volver a disfrutar de John Hannah durante 6 capítulos más, es todo un aliciente. Por lo demás, desearle a Andy Whitfield que supere su enfermedad lo antes posible y de la mejor forma. Una lástima que por su culpa no vaya a poder seguir encarnando al personaje con el panorama tan interesante que se presenta. Lo mejor: La sensación de cohesión y planificación argumental que se obtiene tras acabar el visionado y, por supuesto, la impagable actuación de John Hannah. Lo peor: La estética visual a los 300 es toda una lacra que a simple vista no deja apreciar las muchas virtudes de la serie. La chapa que os he soltado para convenceros de verla puede ser de lo más contraproducente Valoración: 8/10 ![]() |
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Reseña extraída de Cazadores de Recompensas
TRUE BLOOD (TEMPORADA 2)Resultaba muy complicado, en los últimos años, defender el mundo de los vampiros como una fuente de buenas historias alejado del mundo adolescente. Todo se lo debemos a la saga Crepúsculo de la que, sin entrar a valorar su calidad, sólo diremos una cosa: los vampiros no brillan a la luz del sol. Cuando True Blood escapó de las páginas de Charlaine Harris para nacer en las pantallas de aquellos que sintonizaban la HBO, muchos temíamos que se tratase de un nuevo subproducto nacido a la sombra (o a la luz) de los "vampiros gusiluz". Después de que un par de valientes se lanzaran a visionarla, empezaron a llegar las criticas. Y no eran nada malas, no. Así que como para criticar hay que ver primero, nos lanzamos a por la primera temporada con la guardia bien alta, por lo que pudiera pasar. Un momento, esto está muy bien. Efectivamente los vampiros eran tales cosas. Bebían sangre de personas, dormían en ataúdes (o semi-enterrados), son alérgicos a la plata y no, no pueden caminar a la luz del sol (al menos, no más allá de lo justo para proporcionar un momento dramático). Además, el hecho de que sean conocidos por la opinión pública ofrece un buen argumento para que haya conflicto entre los personajes. ¿A favor o en contra? ¿Buenos vecinos, o criaturas del infierno? Para no alargarnos más, la primera temporada fue una cosa muy buena. Llegada ya la segunda, la sensación fue bien distinta. Con la guardia baja, uno esperaba más de lo mismo. Y efectivamente eso fue. Todo lo que había funcionado seguía ahí. Pero ahora iba in crescendo. Desde el primer episodio se pisaba el acelerador y no se soltaba hasta llegar al último. Y eso en una recta puede estar bien. Pero en un recorrido lleno de curvas, corres el peligro de tirar del asiendo al espectador. Dicho de otro modo, la serie empieza a volverse increíble por momentos. Todo ocurre en Bon Temps, todos y cada uno de los habitantes del pueblo tienen algo que ocultar o son poseedores de los más oscuros secretos. Y Sookie... Sookie es Antoñita la Fantástica. Todo le pasa a ella. Y donde antes teníamos una telépata... ahora ni siquiera ella sabe muy bién qué es lo que es. Tanta sorpresa junta se carga el principal puntal con el que contaba la serie: la credibilidad. Esto no implica que la serie sea aburrida. En absoluto. La información se desvela a buen ritmo, y en lineas muy generales, los personajes actúan consecuentemente a sus personalidades. Son las situaciones, las que uno no es capaz de asimilar sin hacer aspavientos, soltar un "si, hombre, venga ya" o directamente reírse. No, la segunda temporada de True Blood no está mal. Pero dista mucho de estar bien. Hay que frenar un poco. Dejar que las aguas vuelvan a su cauce, para que nos demos cuenta que debajo hay una nueva amenaza. Porque si seguimos desvelando sorpresas en medio del temporal, no nos sorprenderemos. Y en el fantástico, lo que no sorprende: o "mola mucho" (generalmente entre el público adolescente) o "no se lo cree nadie" (entre los sectores más críticos). En definitiva, la temporada no aburre, pero dista mucho de ser buena. No digamos ya de alcanzar el nivel de la primera. Pero no está todo perdido. Si los guionistas son capaces de reconducirla a lo que fue, tendrán serie para rato. Tengo entendido que no es lo que ha ocurrido con la tercera temporada (ya finalizada) pero creo que por aquí, todavía, no vamos a bajarnos del barco. Ya veremos más adelante. Valoración: ***** |
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Spartacus - blood and sand - Temporada 1No llevo demasiado tiempo siguiendo series de una forma más o menos regular. Sin embargo, he aprendido rápidamente que, del mismo modo que no se debe juzgar un libro por su portada, tampoco hay que juzgar una serie por sus primeros capítulos. Esto lo digo porque si hay algo que perjudique muy seriamente a Spartacus es su tono a lo 300, que aunque intencionado, es empleado con muy mala fortuna y abusan de sus excesos con descaro, al menos en su episodio piloto. Un episodio en el que se notan descaradamente las intenciones de triunfar gracias a montones de escenarios en CGI, desnudos agradecidos, abundantes litros de sangre digital, desmembramientos y la típica y tópica historia del héroe incorruptible que pierde a su querida damisela pese a que es capaz de arriesgar su vida por el bien del honor y la justicia. Lo dicho, un piloto lamentable, ridículo y con una factura técnica deleznable. Podría haber dejado de ver capítulos ahí, dado el aburrimiento y el hastío por la propuesta. Pero de haber actuado de esa forma, me habría perdido una de las mejores series del año pasado. Lo bueno que tiene el formato serial televisivo es que tiene la posibilidad de superarse a sí mismo, de corregir los errores y mejorar las virtudes episodio a episodio. También están los lamentables casos en los que ocurre justamente lo contrario, véase la malograda True Blood de la HBO. Pero por suerte, esta serie de STARZ tiene la osadía de rebelarse hasta en ojos de su propio espectador. Al principio te dice que es poca cosa, utiliza recursos fáciles y superficiales para captar tu atención, pero más tarde notas cierto engaño: no es una buena serie por su desenfadada falta de sobriedad, por sus excesos o por sus generosas dosis de violencia, tacos, desnudos y sexo gratuitos. No, Spartacus, aunque en un principio parece el típico producto que vive solo de su polémica, es mucho más que eso. Sus personajes y su historia son tan buenos que por momentos llegas a olvidar lo más banal a favor de una incontenible emoción por todo lo que sucede tanto fuera como dentro de la acción. Es entonces cuando comprendes que es mucho más de lo que parece a simple vista. Es una serie con envoltorio, sí, pero también con contenido, algo que no se ve muy a menudo. En cuanto Spartacus recibe ese nombre por los romanos, cuando es entrenado por primera vez en la casa del lanista Batiatus, su amo y señor, es entonces cuando la serie engancha irremediablemente. La vida dentro de esos muros no puede ser más rica, te dejan claro desde un primer momento que cualquier cosa puede ocurrir: conspiraciones, adulterios, sodomizaciones, asesinatos, traiciones, enamoramientos... y lo mejor es que no hay personaje que se salve, aunque todos tengan un sentido del honor un tanto retorcido, lo sacrifican todo con tal de seguir sus ideales. Y es esto y no otra cosa lo que hace grande esta primera temporada de Spartacus: un plantel de personajes que es perfecto y está analizado con mesura, no hay nadie que sobre o falte, todos tienen su papel en la historia. Si a esto añadimos que los excesos se van puliendo poco a poco y las coreografías de los muy emocionantes combates (muy diferentes son los entrenamientos con los más épicos y fantásticos enfrentamientos en la arena) son capaces de poner el vello de punta, nos encontraremos con una serie que resulta difícil de despreciar. Sobre todo cuando deja de ser la hermana pobre de 300 para convertirse en lo que es, una producción televisiva con espíritu propio, no un remedo de nada, por mucho que haya quienes la intenten comparar con Roma, siendo series muy distintas. Así pues, entre todas las virtudes ya expuestas, se puede decir también que es muy posible encariñarse con otros personajes que no sean el protagonista, que los tópicos desaparecen y son destrozados, que hay una ambigüedad muy interesante siempre presente, que los giros son constantes, los diálogos buenísimos (alternando tacos con la palabra "polla" o "coño" con frases realmente filosóficas) y que posee un final abierto muy bien planteado. Con tanto elogio, no cabe duda de que mi recomendación está más que clara. Es difícil aceptar el visionado de la temporada tras un piloto tan desastroso, pero una vez superado es más difícil aún desengancharse. Muy recomendable. Valoración: 8/10 ![]() |
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